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2/10/2006 Una historia que no tiene fín...14/8/2006 Perdidos en el viento
El sisear del aire rompió el silencio que les rodeaba en aquel oscuro bosque. Keira despertó, veía con dificultad, y se sentía tremendamente inquieta. -¿Dónde está? ¿Ha escapado? -La he echado- Dijo Kalel- ¿Cómo estás? -Algo aturdida, y preocupada… nos podría haber guiado hasta el templo -O habernos matado… y casi lo consigue contigo. – Dijo Kahré -Yo intenté ponerle límites, pero vosotros creísteis que era como una humana, pero carece de conciencia… Ahora tardaremos mucho más de lo que esperábamos… Decían que el templo estaba tan oculto que ni los saqueadores lo encontraron… -¿Obra de Ekros? –Preguntó Kalel mientras la ayudaba a levantarse. -¿Qué mejor forma de hacer olvidar un dios? El destruyó todos los templos… Pero el que nosotros buscamos era anterior a todo lo conocido. Y no se puede destruir algo cuyo origen nadie conoce. Un templo quizás anterior a la historia del Pueblo Azul.
Caminaron quizás sin un rumbo fijo. Las agujas de la Síbile giraban a una velocidad casi imperceptible, resultando inservible. Kahré la guardó con cuidado. -¿Es que aquí los vientos no son los mismos que los de Barak? -Lo más probable es que la zona esté cargada de hechizos que inutilicen la Síbile. -Sabes que hemos estado en todos los lugares de esta tierra, y nunca nos falló… ¿Por qué no utilizaron hechizos en esas guerras? -Que fuerais guerreros de Ekros ya es suficiente motivo para que creyeran que ya estabais lo bastante desorientados…
El faro que orienta la imaginación se encuentra en... Cuentacuentos 2/7/2006 La dryseaSu sonrisa, congelada, me incitaba a besarle. Pero lo que no habían logrado antes los sentimientos, no lo iba a lograr ahora una maldita drysea. Kalel había salido corriendo, persiguiendo a la ninfa. Yo no sabía que hacer, si cubrirla con su capa para intentar calentarla o cubrirla para… pero no podía morir, había que luchar por su vida, como Kalel había hecho. Ahora sólo pensaba en la curación inmediata que hubiera tenido si, en lugar de la península de Ishtar, hubieran estado en el Bosque Blanco. ¿Qué hacían allí realmente, qué estaban buscando? Pensé que solo ella lo podía imaginar. Ella era la que nos había llevado allí. Quizás buscando un sentido a su propia existencia, un sentido a la muerte de los padres que ni siquiera recordaba. Los tres se parecían demasiado, y eso le inquietaba.
Más imaginación en… Cuentacuentos
15/6/2006 La morada de la luz-¡Si cruzas, puede que no volvamos a vernos!- gritó irónicamente aquel asesino mientras la niña de ojos grises cruzaba el gran río por las escasas piedras que habían quedado del puente. La corriente crecía, y el valor de aquel hombre no se igualaba con lo que el creía, equivocadamente, que era un atrevimiento alocado de la niña. El cauce era grande, pero ella seguía saltando, con sus piernecitas, de piedra en piedra, manteniendo recogida su túnica con las dos manos, pero un golpe de agua traicionó a su suerte y cayó. El asesino lanzó una carcajada, siniestra pero con gozo, porque ya no se tendría que preocupar de matar a aquella niña, ya lo había hecho el río por él. Río abajo y horas después, en el bosque de Ot de Keir (Morada de la Luz) la niña despertaba, tosiendo y empapada, con golpes por todo el cuerpo, pero viva. Aquel era un recodo escondido del río, no oía nada, sólo alguna lechuza, era plena noche, y era como un junco vencido por la fuerza del río, caminó hasta estar al resguardo de un sauce y cayó rendida sobre la hierba.
14/6/2006 La ciudad blanca (V)Kahré siguió la ruta marcada por los Guerreros, reclutando soldados por toda la región, en las aldeas de su región, el Valle de Verth. Al menos eran una veintena de soldados cuando el capitán puso rumbo a Rot la ciudad blanca, que se encontraba en la cordillera de Rottmoth. Cruzaron la muralla, y se dirigieron al centro de la nevada ciudad, la plaza del templo. Uno de los Guerreros empezó a nombrar a los jóvenes que serían reclutados, repitiéndose la escena, exactamente igual que en cada pueblo: hijos que se despedían de sus padres y madres que se oponían, el pueblo no estaba acostumbrado a aquellos reclutamientos masivos, y sabían que, por eso mismo, la guerra era el destino más inmediato. Uno de los reclutados se dirigió al capitan: -¿Puedo ofrecer a usted, y a todos los soldados capas de la tienda de mi familia? -Estos soldados no necesitan o no deberían necesitar capas, pero gracias por el ofrecimiento.- El murmullo de todos los presentes se acrecentó en cuanto el capitán tomó su decisión. -Pues parece lo contrario-dijo el chico. -¿Como osas contradecir al capitán?- Le acusó un guerrero cuyas palabras contrastaban con la excesiva amabilidad del capitán con el chico. -Estos hombres están mal alimentados, algunos no tienen buena salud, ¡la juventud no significa fortaleza en tiempos de hambre! Así que, no nos arriesguemos a que alguno enferme, ya nos convertirán en soldados en Gardierthel.- El capitán le miró, y le contestó asintiendo: -Muy bien, Thiro Kalel, buen argumento, haz lo que dices, pero la próxima vez cuida tus palabras. |
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